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No
hay excusa
No
hay razón para que en los hospitales, centros de
salud y clínicas oficiales se atienda de mala gana
a las personas que acuden en busca de asistencia médica.
Esto, infortunadamente, se presenta con mucha frecuencia
y denota falta de profesionalismo de quienes tienen a
cargo dicha misión. Sabido es que en ciertos casos
las instituciones de salud les adeudan salarios a sus
trabajadores, pero de ninguna manera ello puede ser excusa
para no cumplir con el deber.
Según testimonios de usuarios de la ESE Cartagena
de Indias, en Corozal, la atención a los pacientes
en la sección de urgencias es deficiente, lo cual
ha motivado la convocatoria de una asamblea extraordinaria
de la Asociación de Usuarios para ventilar el asunto.
Ojalá la concurrencia sea masiva y que cada quien
exponga las experiencias vividas. Mientras tanto, las
directivas de la ESE están en la obligación
de tomar medidas para corregir las supuestas fallas en
el servicio.
Se nos ocurre preguntar ¿Por qué el Personero
de Corozal no interviene en estos casos? Es su obligación,
entre otras razones debido a su condición de representante
de la comunidad y también a que una de sus funciones
básicas es precisamente escuchar las quejas y obrar
de conformidad.
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Orlando
Fals Borda
Por
ALEJANDRO MIELES TRESPALACIOS
La academia colombiana, fundamentalmente la de
la Costa Caribe, está de luto por el fallecimiento del
sociólogo Orlando Fals Borda.
Investigador consagrado, político inteligente, fundador
del Partido Polo Democrático Alternativo, desde el cual
marcó sus puntos de vista sobre lo que debe ser un partido
moderno.
Fals Borda, quien acaba de morir en la capital de la República
a sus 83 años, deja un historial intelectual que pocos
colombianos pueden exhibir.
Fundador con el padre Camilo Torres de la Facultad de Sociología
de la Universidad Nacional, autor de muchos libros sobre el acontecer
nacional, entre ellos, recuerdo a "Mompox y Loba", el
"Presidente Nieto", la Resistencia del San Jorge, Historia
doble de la Costa.
De este interesante trabajo tomamos lo siguiente: "El hombre-hicotea",
personificación del "aguante", expresión
casi totémica de la coraza popular ante la acción
hostil de los poderosos.
"A partir de la cultura zenú, el autor describe y
analiza la historia de las formas de resistencia -sutiles unas,
abiertas otras- empleadas sucesivamente por los indígenas,
los negros y los campesinos mestizos para defender sus formas
de producción, sus heredades y sus costumbres".
El maestro Orlando Fals Borda era, especialmente en sus años
de madurez política, un obsesionado defensor de la Costa
Caribe.
En la reunión del VII Foro de la Costa, cumplido en Barranquilla
los días 23 y 24 de julio de 1998, según reza en
una importante ponencia de su autoría, Fals Borda apuntó:
"Si se cumpliera aunque fuera en parte este plan neofederal
de ajuste y acción territorial para la Región Caribe,
estaríamos sentando las bases para una revolución
regional y nacional con dignidad, equidad y justicia".
Así como también, afirma Fals Borda: "Con la
creación de un liderazgo comprometido con el proceso autonómico,
con dirigentes nuevos provenientes de las bases, con el apoyo
de la Sociedad Civil, y con el impulso de los actuales gobernadores
y alcaldes, nos colocaríamos al frente de un gran movimiento
que de pronto salvará a Colombia de los presentes peligros
de una disolución, y que a través de un ordenamiento
territorial nos acerque a la paz".
Esa era la visión de Fals Borda sobre la Costa Caribe,
dentro del marco de la región, concepto compartido, en
todas sus partes, por el actual gobernador del Atlántico,
Eduardo Verano de la Rosa.
El doctor Fals Borda es bueno recordar en este momento, apunta:
"Aunque los sueños de autonomía o independencia
política para la Región Caribe Colombiana estén
reverdeciendo al impulso de nuestras frustraciones actuales como
pueblo, bien sabemos que no son de hoy. Constituyen un proceso
de construcción geopolítica con raíces prehistóricas,
en el que aparecen periódicamente movimientos de jefes
rebeldes como el supremo Francisco Javier Carmona en 1841".
Por estas y muchas razones más, lamentamos la muerte del
sociólogo Orlando Fals Borda, ocurrida en la capital de
la República.
¡Paz en la tumba del doctor Fals!
Nos
quedaremos esperando
Por
JUAN ALBERTO GRANADOS URUETA
Cuando los docentes hacemos exámenes académicos
a nuestros estudiantes, estamos indagando sobre la verdad académica.
Pero los resultados siempre son un fiasco ya que es imposible
que todos respondan con la verdad que queremos. Generalmente un
10% responde adecuadamente, sin embargo nosotros insistimos, así
como el Ministerio de Educación, que debe ser por lo menos
casi todos.
Ahora la sociedad está esperando la verdad de los poderes
públicos, la de los grupos al margen de la ley y la de
los políticos, lo cual será otro imposible. En ese
mar de ideas navegamos divagando hasta que por las razones normales
de la naturaleza también se nos olvidará que esa
verdad fue quimérica. Vale recordar lo expresado por el
científico Carl Sagan acerca de la memoria: cuando pedimos
a un testigo que declare bajo juramento decir la verdad, toda
la verdad y solamente la verdad, se le está pidiendo lo
imposible.
A lo sumo podría decírsele que dijera su verdad,
toda su verdad y solamente su verdad. Porque la percepción,
los juicios y los recuerdos están modelados por nuestras
creencias, prejuicios, expectativas, intereses, emociones y deseos.
Por las mismas razones nuestros alumnos no responden convenientemente.
En el caso de los políticos, para que confiesen la verdad,
eso sí que es increíble. Según Sócrates
ellos perpetuamente están ceñidos a la mentira porque
siempre tienen algo que esconder y nada que enseñar. Solamente
están listos para ser elegidos. Nosotros tenemos la propensión
a creerles en época electoral, pero casi el 100% de sus
áulicos quedan después decepcionados y defraudados.
No obstante la historia se repite en época preelectoral.
Paradójicamente, la parte esencial del funcionamiento de
la memoria es el olvido, de lo contrario la carga de nuestro pasado
o nuestros recuerdos nos abrumarían. Que tal que nos acordáramos
de todo, el peso de nuestra memoria sería tal que nuestro
cerebro estaría incapacitado para recibir más información
y se llenaría al tope como un tanque de basura o un disco
duro colmado.
La memoria es una vieja mentirosa, y más mentirosa mientras
más vieja, ella vive agregando detalles que no existieron.
Los testigos presenciales, con el propósito de ofrecer
una versión coherente de los hechos narrados, completan
las partes oscuras y rellenan los huecos naturales que con el
paso del tiempo el olvido va dejando.
Más aun cuando alguien se muestra escéptico, el
sujeto daña su narración, no siempre de manera consciente,
los detalles de la historia, de tal modo que el suceso gane en
verosimilitud.
Entre los siete pecados de la memoria está el de la atribución
errónea, que consiste en recordar incorrectamente. Lo más
grave de este yerro es que ocurre con mayor frecuencia que la
registrada conscientemente. Las consecuencias más lamentables
se presentan en el ámbito legal y penal.
Como ocurre ahora con la parapolítica, la Yidispolítica,
la farcpolítica y otros males que actualmente sufre la
nación. Nos quedaremos como las novias de Barranca en cuanto
a la esperada verdad.
Una
justicia autoritaria y arbitraria
Por
ALFREDO RANGEL
Nada más parecido a la cacería de brujas, a la Inquisición
y a la justicia estalinista. Pero la senadora Nancy Patricia Gutiérrez
decidió romper la cadena de miedo.
Después de haber permanecido en la cárcel durante
8 meses y de haberse visto obligado a renunciar a su investidura
parlamentaria, todo por la declaración mentirosa de un
falso testigo al que la Corte Suprema de Justicia dio total credibilidad,
el ex senador Luis Humberto Gómez Gallo ha recuperado su
libertad. Su caso es solamente un botón de muestra de los
excesos e irregularidades cometidos por esa Corte en el curso
de la parapolítica.
Los excesos de la Corte Suprema nos hacen recordar la justicia
autoritaria de la era estalinista, descarnadamente descrita por
Tom Rob Smith en su excelente novela El Niño 44, y por
Anne Applebaum en su documentado estudio Gulag. Estos autores
señalan que el principio fundamental del trabajo de los
jueces estalinistas era la presunción de culpabilidad,
y que la principal prueba de culpabilidad era la sospecha. "La
culpabilidad de un sospechoso pasaba a ser real en el momento
en que se convertía en uno" (Smith, página
46). Por eso, para encarcelar a alguien no se necesitaban pruebas,
estas se conseguían después con falsos testigos:
bastaba con ser sospechoso. Y para ser sospechoso era suficiente
cualquier delación, por falsa que fuera. Esto le pasó
a Gómez Gallo.
Para los jueces de Stalin era mejor hacer sufrir a 10 inocentes
que dejar escapar a un culpable. En esas circunstancias en que
bastaba un falso señalamiento para ser arrestado enseguida,
el miedo se generalizó. Los jueces estalinistas cultivaban
el miedo, pues este hacía parte del diseño de su
sistema judicial. Para los agentes investigadores del Estado la
paranoia era un valor esencial, una virtud que había que
entrenar y aguzar.
Todo esto lo estamos viendo hoy en algunos procesos de la parapolítica.
Ha entrado en crisis el principio de la presunción de inocencia,
básico en una justicia democrática. Basta el señalamiento
de un falso testigo para que una persona honrada sea encarcelada.
Su encarcelamiento es suficiente para que desde los medios decenas
de columnistas ayatolas lo declaren culpable. Si es un parlamentario,
la jauría pide que pierda inmediatamente su curul. Los
investigadores del CTI reciben órdenes de hundir a los
sospechosos, desechando cualquier evidencia en su favor. Los que
no encuentran o no inventan pruebas contra un sospechoso son removidos
de sus cargos. Un magistrado auxiliar emborracha testigos para
ofrecerles gabelas por sus testimonios contra un ex congresista
a quien no está autorizado para investigar.
También está en peligro el derecho a la legítima
defensa. Se ocultan declaraciones de testigos evitando la controversia
de los acusados. A la manera de una pesadilla kafkiana, se monta
un proceso secreto contra todos los acusados y contra nadie en
particular, que no puede ser conocido ni refutado por ninguno,
pero que es utilizado para hundirlos a todos.
Nada más parecido a la cacería de brujas, a la Inquisición
y a la justicia estalinista. Pero la senadora Nancy Patricia Gutiérrez,
en un acto de valor civil que la enaltece, decidió romper
la cadena de miedo. Respaldada, paradójicamente, en la
sentencia 24679 de la misma Corte Suprema que le estaba montando
un falso caso judicial, sentencia que valida el derecho de la
víctima de un delito a hacer grabaciones de conversaciones
con terceros para preconstituir pruebas con fines judiciales,
la senadora ha puesto en evidencia los abusos y los excesos de
la justicia autoritaria en Colombia. Esa grabación podría
ser la 'operación Jaque' para terminar con la arbitrariedad
judicial y volver a las sendas del derecho.
La parapolítica es producto de la política de paz
gubernamental que desmontó los grupos paramilitares. Sin
su desmovilización habrían sido impensables las
investigaciones, las delaciones y los testimonios que han permitido
descubrir los vínculos delictivos entre algunos políticos
y grupos paramilitares. Pero aprovechar la parapolítica
para hacer cacería de brujas y pescar en río revuelto
con fines torvos es otra cosa. Por eso, para que esos juicios
contribuyan al descubrimiento de la verdad y a la reconciliación
nacional, también en la parapolítica se debe respetar
el derecho.
No es legítimo procesar la violencia armada blandiendo
la arbitrariedad judicial, ignorando la presunción de inocencia
y negando el derecho a la legítima defensa. (Semana)
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